Assignment | TGE Sesión 3 - La globalización y la opresión: el poder y la teología I
August 26, 2026 10:08 PM
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Casi siempre confundimos la moral con la ética. La moral es como andar en automático estas son las costumbres y reglas que nos enseñaron en casa o en la sociedad. Pero la Ética es despertar, tomar el control y preguntarnos: ¿Por qué hago lo que hago?.
Me edificó lo que nos aportaron tanto Kant, Mill y Aristoteles, y podemos aprender y sobre todo aplicar cuando no sepamos qué hacer, ya que podemos hacernos estas tres preguntas:
1. (Por el Deber - Kant):¿Es esto lo correcto, independientemente de lo que pase?
Es decir, ¿estoy tratando a los demás con dignidad, o solo los estoy usando para mi beneficio?
2. (Por las Consecuencias - Mill):¿Qué resultado tendrá mi acción? ¿Va a generar mayor bienestar y menos sufrimiento para la mayoría de las personas?
3. (Por la Virtud - Aristóteles):Al tomar esta decisión, ¿en qué clase de persona me estoy convirtiendo?* ¿Me hace más humano, más pleno?
Esto nos invita a reflexionar que pensar bonito no sirve de nada si vivimos desconectados del mundo. Creo que la ética no es resolver problemas imaginarios. Ya que se necesita de la economía, de la política y de la psicología porque los problemas son reales (como la pobreza, y la desigualdad).
Ahí es donde entra la Ética de la Liberación y la Teología: esta nos recuerda que la verdadera ética empieza cuando miramos el dolor del otro, del oprimido. No basta con aplicar reglas fríamente; se necesita amor, responsabilidad y sobre todo buscar cambiar las cosas.
En conclusión:
La ética no es una cárcel de reglas fijas para juzgar a los demás. La ética es un puente.Un puente entre lo que pensamos (es decir la teoría) y lo que hacemos ( la práctica). No se trata solo de preguntarnos cómo ser buenas personas, sino de cómo actuar responsablemente para transformar nuestra realidad en la que nos encontramos.
La política y la religión desde tiempos muy antiguos siempre han estado conectadas. Podemos verlo en el Imperio romano, que fue muy fuerte en mantener su poder y no permitir que nadie se lo quitara.
Un ejemplo fue Herodes. Cuando supo que había nacido Jesús y que lo llamaban el nuevo rey de los judíos, tuvo miedo de perder su poder. Por eso mandó matar a los niños menores de dos años en Belén y sus alrededores.
Los Evangelios nos hablan de esos problemas de poder que existían desde el tiempo en que nació Jesucristo. Al leer este capítulo entiendo mejor que Jesús nació y vivió en un tiempo donde había mucho control político y religioso. También podemos ver que su mensaje y la manera en que él trataba a la gente eran muy diferentes a la manera en que el Imperio usaba su poder.
Aunque la historia nos habla de una herencia problemática entre la globalización y la teología durante los últimos dos mil años, también se han visto cambios y formas más constructivas.
Jesús vino a mostrar una forma diferente de liderazgo. Los cambios globales se dan poco a poco y podemos ver cómo el poder ha cambiado de diferentes maneras a través de la historia.
En el capítulo 3 también podemos ver esto cuando habla del poscolonialismo. Durante la conquista de América, los que llegaron de Occidente se sentían superiores y con mayor conocimiento. Miraban a los pueblos de América como inferiores o salvajes y pensaban que tenían que cambiarlos, muchas veces usando la fuerza.
Aquí podemos entender también los binarismos, porque se creaban divisiones entre unos y otros: los civilizados y los salvajes, los superiores y los inferiores, los que tenían conocimiento y los que supuestamente no lo tenían.
Esto me hace pensar que muchas veces el poder ha sido utilizado para dominar a otras personas e imponerles una manera de pensar, una cultura o una religión. En cambio, Jesús nos enseñó una manera diferente de liderazgo y de tratar a las personas.
Podría decir que el poder es el eje que conecta la globalización y la opresión, porque no solo reprime, sino que también seduce, organiza, normaliza y define lo que es posible pensar. Quien tiene poder decide qué se considera desarrollo, progreso, éxito o verdad. Y ahí entra la teología: puede ser una herramienta de liberación o un instrumento de dominación. Cuando la teología bendice el orden establecido, legitima al poderoso y espiritualiza el sufrimiento de los oprimidos, se convierte en ideología. Cuando, en cambio, se lee desde los crucificados de la historia , se vuelve profecía y denuncia.
La opresión, en este tema , no se reduce a actos crueles de individuos malvados; es una organización que atraviesa la economía, la política, la cultura y la religión. Se manifiesta en el clasismo, el racismo, el machismo, la explotación laboral, la criminalización de migrantes y la violencia contra pueblos originarios
Mi opinión, entonces , es que la globalización necesita una fuerte dosis de solidaridad global; la opresión debe ser nombrada y desmantelada, no maquillada; el poder debe ser democratizado y cuestionado; y la teología debe optar por los pobres, los vulnerables, los excluidos y las víctimas.
Una teología que no confronta el poder corre el riesgo de ser capellanía del imperio. Pero una teología que nace desde abajo, desde el dolor y la esperanza de los oprimidos, de los que sufren, puede recordarnos que la dignidad humana no se negocia y que otro mundo, más justo y fraterno, sigue siendo posible.
En conclusión, puedo aportar que la globalización , la opresión, el poder y la teología están profundamente entrelazados : la globalización puede conectar y liberar, pero también dominar y excluir; la opresión se sostiene por estructuras de poder que normalizan; y la teología puede legitimar ese poder o denunciarlo desde los oprimidos.
Por eso creo que no basta con aceptar el orden global tal como está , sino que hay que cuestionarlo desde la justicia, la solidaridad y la dignidad humana. Confiar en Dios con una fe fuerte en tu corazón debería estar del lado de los vulnerables y no al servicio de los que tienen el poder.
Bendiciones
Y como nos explica; El poder puede reprimir y producir categorias, y diferentes formas de comprender la realidad.
Y es que es muy claro que la realidad es muy diferente entre un lider y un empleado. Cada uno tiene una muy diferente cosmovision respecto a su propio estilo de vida o medio donde se desenvuelve.
Conclusion: Devemos de reconocer que el conocimiento o la base es producido dentro del contexto historico, social e institucional, dando como resultado el poder. El cual puede ser o ocasionar un gran problema para las grandes minorias, principalmente si dicho poder es ejercido por individuos sin conciencia o conocimientos del evangelio.
Por eso es necesario que nos preparemos de manera correcta, para haci lograr una mayor influencia dentro de nuestras comunidades y poder sembrar esa semilla que con el tiempo de un buen fruto no nomas en nuestras comunidades pero en el pais entero.
Para descolonizar la educación y el pensamiento es indispensable, como dije el conocimiento es poder, (lo que se haga con ese poder dependerá de la persona) pero aquí también hay que cuestionar y revisar que tipo de conocimiento hemos recibido y transmitimos como si no hubiese forma de cuestionarlo. Por ejemplo, seguimos teniendo la perspectiva eurocentrica y helenocentrica y afirmamos que la filosofía nació en Grecia, como una chispa broto de la nada en Grecia y Platon y otros filósofos fueron los bendecidos por esa chispa llamada filosofía, cuando hay registro de que los propios pensadores griegos reconocían aportes de otros tiempos y culturas, Europa lamben se atribuyo el álgebra, la imprenta, entre otros conocimientos que hemos repetido sin cuestionar o por lo menos criticar.
Es necesario por lo tanto, revisar, repensar el conocimiento y la teología , es una tarea que urge para quitar la venda de aquel conocimiento que oprime, la educación y el saber son la puerta abierta que nos permitirán atravesar hacia sociedades mas justas y teologías comprometidas con los oprimidos.
Algo que me impactó sobre el poder y el conocimiento es que, a lo largo de mi caminar, se me ha dificultado obtener conocimiento. Por lo que el maestro menciona en su lección, muchas veces el poder nos “lava el cerebro” para no cuestionarnos si algo es bueno o malo, o de dónde proviene. La gran mayoría vivimos programados para seguir reglas, leyes o patrones que, muchas veces, nos limitan a ser seres pensantes y a cuestionar si lo que hacemos es correcto o cuál es el propósito de seguir estos pasos que normalmente establecen los que están arriba y tienen el poder.
Dicho esto, desde mi reflexión personal, me ha interesado demasiado lo estrecha que es la relación entre el poder y el conocimiento, lo cual nos lleva, como humanidad, a vivir reprimidos y, muchas veces, a comprender la realidad de diferentes maneras. La mayoría hemos sido programados para no cuestionar, sino simplemente seguir y someternos a lo que dictan aquellos que están arriba y poseen el poder.
En conclusión, pienso que tendríamos que cuestionarnos más y esforzarnos por adquirir conocimiento, con el propósito de utilizarlo de manera responsable. De esta forma, podremos ejercer una influencia positiva en nuestra sociedad mediante el conocimiento y la sabiduría que Dios nos concede, en lugar de tener el poder y el conocimiento para dominar o imponer determinadas formas de pensar.
Es pues indispensable desaprender lo prestablecido y Junto con ello escuchar aquellas voces que también tienes valiosos aportes y que han sido ignoradas, precisamente por el monopolio y el uso desmedido de poder. Para concluir, es indispensable una cosmovision de ecosistema de saberes como lo propone Buenaventura De Sousa.
El conocimiento humano nunca es completamente neutral. Cuando leemos la Biblia, hablamos de Dios o formulamos doctrinas, lo hacemos desde una historia, una cultura, una experiencia y una posición concreta en la sociedad. Por eso, no basta con preguntar: ¿Qué dice el texto? También debemos pensar en quién lo interpreta, desde qué realidad y a quién beneficia esa interpretación.
Las relaciones de poder influyen en lo que una sociedad considera verdadero, normal o importante. Durante mucho tiempo, ciertos grupos —especialmente hombres europeos, blancos, educados y con autoridad religiosa o política— tuvieron mayor posibilidad de definir qué conocimientos eran válidos. Por esta razón, muchas experiencias de pueblos indígenas, personas pobres, mujeres, comunidades afrodescendientes y otros grupos marginados fueron consideradas menos importantes o quedaron fuera de la conversación. Esto también ha sucedido en la teología.
La hermenéutica nos enseña que toda interpretación ocurre desde un contexto. No leemos la Biblia como si fuéramos personas sin historia ni prejuicios. Llegamos al texto con nuestras preguntas, tradiciones, necesidades y experiencias. Esto no significa que cada persona pueda hacer decir a la Biblia cualquier cosa. Significa que debemos interpretar con responsabilidad y humildad, en diálogo con otras personas y comunidades.
El problema aparece cuando una interpretación particular se presenta como la única interpretación posible. Por ejemplo, algunos textos bíblicos han sido usados para justificar la esclavitud, el colonialismo, la desigualdad entre hombres y mujeres o la obediencia ciega a las autoridades. En esos casos, el conocimiento religioso puede convertirse en una herramienta de control. La fe deja de anunciar la libertad de Dios y puede terminar apoyando a quienes tienen más poder.
Georg Rieger ayuda a ver que la globalización también tiene una dimensión teológica. No solo mueve dinero, información y personas; también determina cuáles voces tienen mayor influencia y cuáles quedan silenciadas. Por eso, la teología debe preguntarse si habla desde arriba, protegiendo los intereses de los poderosos, o si escucha a quienes viven pobreza, exclusión y sufrimiento. La alternativa cristiana no es simplemente cambiar a los que mandan por otros, sino reconocer la dignidad y la capacidad de las comunidades marginadas para participar en la reflexión sobre Dios y la vida humana.
Desde la fe cristiana, Jesús ofrece un criterio fundamental. Él no se acercó primero a los centros de poder, sino a los enfermos, los pobres, las personas rechazadas y quienes no tenían prestigio social. Esto nos enseña que conocer a Dios también requiere escuchar a quienes han sido ignorados. Una teología verdaderamente cristiana debe unir verdad, justicia y amor.
Si queremos hacer Teología, debemos estudiar con mente crítica y corazón abierto. Necesitamos valorar la investigación académica, pero también aprender de la experiencia de las comunidades. La pregunta no es solo quién tiene conocimiento, sino si ese conocimiento ayuda a construir una vida más justa, digna y fiel al mensaje de Jesús.
El poder, el conocimiento y mi experiencia de fe.
Uno de los temas que más me llamó la atención de esta sesión fue la relación entre el poder y el conocimiento. Antes de estudiar este tema, podía pensar que el conocimiento era simplemente saber algo o tener información. Sin embargo, la clase muestra que también debemos preguntarnos quién tiene el poder para decidir qué conocimiento es considerado verdadero, importante o válido.
Esto me hace pensar que el poder no solamente se manifiesta cuando una persona obliga a otra a hacer algo. También puede aparecer cuando algunas personas o instituciones tienen la autoridad para decidir qué ideas se escuchan y cuáles son ignoradas. Por ejemplo, la escuela, la universidad, los medios de comunicación, el Estado y también las comunidades religiosas pueden influir en la manera en que las personas entienden la realidad. El problema surge cuando una sola forma de pensar se presenta como la única correcta y otras experiencias o conocimientos son considerados inferiores.
Este tema también tiene una relación importante con la globalización. Vivimos en un mundo donde la información puede viajar rápidamente de un país a otro, pero eso no significa que todas las personas tengan el mismo poder para decidir qué información recibe reconocimiento. Rieger nos ayuda a entender que la globalización también está relacionada con las relaciones de poder y con la manera en que ciertas formas de vida y de pensamiento pueden llegar a dominar sobre otras.
Desde la teología, considero que esto nos lleva a hacernos una pregunta muy importante: ¿quién tiene el derecho de hablar sobre Dios y de interpretar la Biblia? La hermenéutica nos recuerda que todos interpretamos desde nuestra propia historia, cultura, experiencias y circunstancias. Por eso, ninguna persona debe pensar que su manera de entender la Biblia es completamente neutral o que no puede aprender de los demás.