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Assignment | TGE Sesión 5 - El problema de la pobreza | Foro de Diálogo

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Discussion (5)

       El problema de la pobreza.

Este es un problema que se ha tenido y se tendrá como Jesus lo dijo en Marcos 14-7: Pues siempre tenéis a los pobres con vosotros, y cuando quisiereis, les podréis hacer bien; pero a mi no siempre me tenéis. Lo que nos enseña que la pobreza nunca se va a acabar pero a la vez nos invita a hacerles el bien. Y es aquí donde necesitamos trabajar y muy duro para tratar de ayudar a los más necesitados, no solo en lo individual, pero este debe ser un trabajo en conjunto, como iglesia, como estado y hasta el gobierno mismo en mutua cooperación para seguir luchando contra la pobreza a nivel mundial.

  Yo creo que todos nosotros o la mayoría de nosotros los migrantes que emigramos en algún momento desde nuestros diversos países hasta esta gran “nación de oportunidades”. Lo hicimos en su momento para salir de esa pobreza en la que nos encontrábamos. Y hablo por mi al decir que ha valido la pena ese sacrificio de separarnos de nuestras familias y amigos tal vez por muchos, muchos años, para poder darnos y darles a nuestras familias una mejor vida y un mejor futuro. Pero aun existen diversas maneras de seguir aportando nuestro granito de arena para ayudar a otros a salir de esa pobreza apoyándonos en el amor y la gracia que Dios nos da.


Mi sencilla reflexión

Pienso que la pobreza no es solo falta de dinero; también es consecuencia de la desigualdad, la injusticia y la opresión.

Pienso que nosotros, como Iglesia, debemos dar más prioridad a los que sufren e involucrarnos en defender su dignidad y sus derechos, sin olvidarnos de estar con ellos. En otras palabras, ser solidarios.

Nosotros, como cristianos, debemos demostrar amor mediante acciones concretas. También pienso que la Iglesia debe denunciar la explotación y la discriminación, y no ser parte de estas.

Una cita bíblica que queda muy bien con este tema es Proverbios 31:8-9: «Abre tu boca por el mudo en el juicio de todos los desvalidos. Abre tu boca, juzga con justicia y defiende la causa del pobre y del menesteroso».

Nuestra esperanza como cristianos no significa aceptar la pobreza pasivamente, sino poner manos a la obra para lograr una sociedad más justa, siempre con mucha fe, esperanza y paz, para lograr la transformación social. Es muy difícil, pero no es imposible.

En conclusión, tenemos que unir la fe con las obras, la solidaridad y la justicia, y empezar a ayudar a los más necesitados para intentar transformar las estructuras injustas de la globalización. También debemos recordar lo que Rivera Pagán nos enseña sobre la fe cristiana: que debe reflejarse en nuestra manera de actuar ante la pobreza y la injusticia. Las enseñanzas de Santiago nos invitan a no quedarnos solamente con las palabras y los pensamientos, sino a practicar la solidaridad, defender la justicia y rechazar todo tipo de discriminación. El deber de la Iglesia es denunciar la explotación y demostrar el amor de Dios mediante acciones concretas que contribuyan a construir una sociedad mejor.

Parece ser que nuestra fe exige acción

A partir de lo que hemos visto en la presentación, la teología y la ética nos llaman a resistir la pobreza no con resignación, sino con una fe activa.

Viendo este tema sobre la pobreza y lo que Dios nos pide hacer, me quedé pensando en dos cosas muy importantes que quiero compartirles.

La primera es que a Dios no solo le importa nuestra alma, también le importa nuestro cuerpo.

A veces pensamos que ser pobre es nada más que no traer dinero en la bolsa. Pero no, la pobreza es esa angustia de no saber qué le vas a dar de comer a tus hijos mañana; es enfermarte y no tener para pagar un doctor; es vivir con el miedo de no tener papeles o vivir en un lugar donde nos tienen olvidados.

Y a veces, nosotros los cristianos cometemos un error: le decimos al que sufre (tú reza, aguántate y confía en Dios, que en el cielo tendrás tu premio). Pero eso no es lo que Dios quiere. A Dios sí le importa nuestra alma, pero también le duele que tengamos el estómago vacío. A Dios le importa que tengamos un techo seguro y salud. Ser verdaderos seguidores de Jesús significa que no podemos decirle al pobre que se aguante; tenemos que ayudarnos y luchar para que todos podamos vivir con dignidad hoy, aquí en la tierra, no solo en el cielo.

La segunda cosa es que tenemos que romper las cadenas del pasado.

La pobreza no es un castigo de Dios ni es porque la gente sea floja. La pobreza es como una cadena oxidada que viene de hace muchísimos años. Viene desde los tiempos en que había esclavos, o cuando conquistaron a nuestros pueblos y a la gente humilde siempre la hacían a un lado.

Nosotros no podemos viajar al pasado para cambiar esa historia, pero sí podemos romper esa cadena hoy. ¿Cómo la rompemos? Abriendo los ojos y no quedándonos callados ante esa injusticia. Si vemos que a alguien lo tratan mal, le pagan menos o le cierran las puertas solo por su color de piel, por ser mujer o por ser inmigrante, no podemos hacernos de la vista gorda. Ayudar a hacer justicia es defender al hermano y no permitir que se siga discriminando a nadie.

En conclusión:

Dios nos llama a cuidarnos completos (cuerpo y alma) y a no dejarnos pisotear por costumbres injustas. Nuestra fe se tiene que notar en cómo defendemos a los demás para que todos tengamos las mismas oportunidades.

Para la teología y la ética cristiana, resistir la pobreza no es solo dar caridad; es descubrir las trampas del sistema, luchar por la dignidad completa de las personas y mantener viva la esperanza compartiendo la vida y la mesa con nuestra comunidad.

Pregunta para reflexionar:

Sabiendo que a Dios le duele cuando nos falta el pan o cuando nos hacen de menos. ¿Qué cosita pequeña podemos empezar a hacer nosotros, como vecinos o como grupo, para cuidarnos mejor y no dejar solo al que está sufriendo alguna injusticia?


Buenas Tardes  

Tema La pobreza

Cuando miro la pobreza, no puedo reducirla a cifras ni calles tristes: la veo como una herida en la dignidad humana. Como dice el video de esta clase, en Estados Unidos, en 2024, eran 35,9 millones, lo que representa 10,6%. Pienso que a esta altura debe haber muchos más pobres por todas las personas que entran de otros países,con un montón de necesidades y buscando un mejor porvenir para su situación.

Me cuestiona directamente porque no basta con sentir lástima; me obliga a preguntarme qué hago yo con lo que tengo, cómo trato a quien tiene menos, y si mi indiferencia lo hace más difícil. La  ética no es solo dar algo de sobra, sino reconocer al otro como hermano, defender su derecho a una vida digna y trabajar para que haya justicia, oportunidades, pan, salud, educación y voz. 

Si yo digo que creo en la dignidad humana, tengo que actuar de manera coherente aunque eso implique renunciar a privilegios y comodidades.

Desde la teología, yo creo que toda persona ha sido creada a imagen de Dios , y que en el diseño de Dios nadie sobra ni es descartable .  Por eso la pobreza no es  solo un problema social : es también un escándalo espiritual 

Cristo se identificó con el pobre, el hambriento, el migrante , el olvidado; entonces mi fe no puede quedarse en rezos. La opción por los pobres mueve a convertirme , a luchar por esas estructuras injustas, a compartir con generosidad y esperar que otro mundo sea posible . Me pongo también en el lugar de la pobreza porque soy humilde, no tengo riquezas, pero sí lucho por un mejor porvenir y por poder extender la mano a quienes me necesitan . 

Definitivamente, la fe que profesamos en Senor Jesus y sus enseñanzas nos obliga a no ignorar a nuestros Hermanos y en especial a los más pobres. La pobreza con sus multiples rostros y las estructuras que la provocan, deben ser erradicadas y por supuesto no son queridas por Dios. Por lo tanto, es necesario algunas veces hacer lo que el buen samaritano realizo con su proximo: curar sus heridas, llevarlo en nuestra cabalgadura y ponerlo donde pueda ser atendido y bien cuidado. Dicho de manera diferente, es necesario no pasar de largo ante el hermano lastimado y necesitado. Claro, para lograr esto, tenemos que comprender que nuestra fe tiene una dimensión horizontal y otra vertical, y no podemos decir que amamos a Dios he ignorar nuestro hermanó.

Algunas veces nos hemos imbuido en una fe intimista y que no tiene incidencias con las necesidades de otros, me parece en lo personal que ese es el gran pecado personal y estructural ignorar las necesidades de los que más sufren la pobreza en sus multiples rostros.